domingo, 5 de abril de 2015

Los Castillos del Valle del Loira

 Tierra romántica, cuna de poetas, pintores, artistas y reyes, el Valle del Loira seduce e inspira con su belleza, castillos increíbles, perfumados viñedos y bucólicos paisajes. En la primera jornada del viaje, dejamos atrás Chartres y llegamos a Blois capital del departamento de Loir y Cher, donde visitamos el castillo del siglo XII.
Frente al castillo, una fábrica de tapices reproduce los motivos medievales y renacentistas que sirvieron para vestir y decorar las residencias de la nobleza. Por la noche, en el castillo, preparan un espectáculo de música y luces que relata la rica historia de la ciudad; desde Juana de Arco preparando la batalla de Orleans, pasando por los reyes que allí nacieron y residieron, hasta las batallas que en sus alrededores se libraron durante la IIGM.
Después de un buen desayuno, partimos hacia el Castillo de Chambord, a solo 17 km de Blois, es una obra del renacimiento francés y construido como pabellón de caza del rey Francisco I. Presenta una construcción modular de asombrosa practicidad para la circulación con una famosa escalera central de doble hélice que se le atribuye a Leonardo Da Vinci. Éste, ya anciano, fue invitado a residir en el valle del Loira por Francisco I, y si bien figura como arquitecto del castillo Doménico de Cortona, hay motivos para pensar que el diseño completo pertenece a Da Vinci. El monarca solo lo ocupó en contadas y cortas ocasiones, pero aún se conservan muebles, armas, tapices y cuadros de la época.
Vale la pena visitarlo, rodeado de un denso bosque y de canales que alimentan el foso, refleja el esplendor de una época, del deporte de la caza, mediante los cuadros, tapices y trofeos que aún se conservan.
Más tarde y luego de un corto trayecto de 18 km, llegamos al Castillo de Chiverny, precursor de la arquitectura francesa del siglo XVII. Gracias a que perteneció por varias generaciones a una adinerada familia de funcionarios al servicio de la corona, los Hurault, ha llegado intacto hasta nuestros días.
Sus habitaciones se conservan equipadas con su mobiliario y decoración original hasta el más mínimo detalle, constituyendo una cápsula de tiempo y un deleite para la visita. Sus jardines son impecables, así como la huerta y plantío de flores.
En las actuales dependencias de servicio está ubicada la antigua área destinada a la caza. Los caniles cuentan con cerca de cien perros destinados a la montería y están listos para la tarea. A la salida se encuentra un excelente lugar para degustar los mejores vinos de la región, tanto para el conocedor como para el que quiere conocer, decenas de vinos son puestos disposición por apenas 6 euros.
Excelentes caminos de campaña, en medio de campos sembrados, viñedos, molinos de viento y añejos caseríos nos llevan a través de 40 km, bordeando en parte la rivera del Cher, hasta la magnífica joya que es el Castillo de Chenonceau.

Construido entre 1513 y 1521 es conocido como el castillo de las mujeres, ya que lo ocuparon reinas y favoritas. La misma Catalina de Medicis en su condición de regente de Francia, dirigió los destinos del reino desde un pequeño despacho en el lado este, que aún se conserva completo. La característica galería que lo define contaba con un salón de baile en el segundo piso y constituyó, en el Siglo XX, puerta de salida de la Francia ocupada, ya que marcaba el límite donde llegaron los ejércitos alemanes en la GMII. Las cocinas son capítulo aparte y no deben dejar de visitarlas. Dos jardines, uno a cada lado de la entrada, recuerdan a Diana de Pointiers favorita de Enrique II y a la reina Catalina. Además se disfrutan el restaurante, la granja del siglo XVI, el museo de cera, los canales y viñedos que completan un bellísimo entorno.

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