lunes, 6 de abril de 2015

Montpellier

Llevados por la intuición elegimos el camino al sur dejando a un lado Clermont Ferrant en dirección al viaducto Millau por la ruta del sol, monumental obra de ingeniería donde un puente de más de 300 metros de altura salva el valle, que se había convertido en el cuello de botella de los veraneantes que buscan todos los años la costa española. La ruta nos llevó a Montpellier, capital de la región de Languedoc-Rosellón y octava ciudad de Francia.
 Es desde tiempos inmemoriales un importante centro comercial y eje de comunicaciones del sur. Vio pasar muchas corrientes migratorias, perteneciendo primero a la corona de Aragón y luego al reino de Mallorca. Por sus calles pasa la vía más importante del Camino Francés del Camino de Santiago y entre las angostas callecitas de la ciudad antigua se encuentra la Iglesia consagrada a San Roch, parada de los peregrinos dedicada al santo peregrino que nació en esta ciudad en 1295 y se le conoce por haber viajado a Italia para cuidar a los enfermos de la peste.                                       
En su magnífica plaza reúne cafés y restaurantes de cálido ambiente, la Opera Nacional de Montpellier, jardines, espacios de artistas y artesanos, así como las paradas de un moderno tren de ciudad que en pocos minutos recorre los barrios y localidades cercanas.

Más tarde, mientras hacíamos un nuevo alto en el camino en una tienda de quesos y vinos con mostradores abiertos a la degustación, sobre la calle que marca el Camino Francés, la amable charla con un comerciante nos orientó hacia Nimes y Avignon y hacia allí fuimos.

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